En un episodio en 2024 de la tercera temporada de Hablemos de Mayombe abordé una cuestión que considero esencial para comprender nuestra tradición: la mpaka no debe confundirse con un simple accesorio de la nganga. Retomo ahora aquella explicación porque, durante la cuarta temporada, desarrollaré con mayor amplitud sus distintas funciones y su lugar en el Mayombe.
Quiero comenzar por lo más sencillo. Cuando digo mpaka, me refiero, en su sentido literal, a un cuerno: un tarro o cacho que puede proceder de un chivo, un buey, un toro o una vaca. Pero identificar el recipiente no basta para comprender su significado religioso. Una cosa es el cuerno como materia y otra la condición que adquiere mediante su constitución ritual.
La mpaka y su relación con el fundamento
Hoy encuentro con frecuencia la idea de que la mpaka es, necesariamente, una herramienta de la nganga. Esa interpretación deja fuera una parte importante de lo que explico sobre el Mayombe.
En la tradición a la que me refiero, no concibo el fundamento sin su mpaka. Sin embargo, sí reconozco la existencia de mpakas que no dependen de una nganga. Esta distinción es fundamental: que un fundamento tenga mpaka no significa que toda mpaka necesite un fundamento del cual depender.
Para entenderlo, debemos recordar las formas de culto vinculadas a determinados lugares de la naturaleza. Cuando se rendía culto a un nkisi asociado a un árbol, una parte de ese árbol podía incorporarse ritualmente a una mpaka. Así se constituía un receptáculo que permitía trasladar y atender aquella presencia espiritual. Lo mismo podía suceder con entidades vinculadas al río, la sabana, el monte o las encrucijadas.
El lugar de culto permanecía donde estaba, pero la relación con aquella espiritualidad adquiría una expresión que podía acompañar al practicante.
El recipiente también tiene significado
La elección del cuerno respondía a determinadas asociaciones. En la explicación que ofrecí en el episodio, señalé la fuerza atribuida al buey y al toro, así como la destreza, el calor y la habilidad del chivo para trepar y desplazarse por el monte.
Estas cualidades forman parte del lenguaje simbólico con el que comprendemos el recipiente. A través de su preparación ritual, la mpaka reúne y expresa la personalidad del nkisi.
Al hablar de los Matiabo, me referí precisamente a mpakas que constituían por sí mismas el fundamento de sus poseedores. Podían llevarse en la silla del caballo o, cuando eran pequeñas, colgadas del cuerpo. Su tamaño y su movilidad no disminuían su importancia religiosa.
Dos condiciones que debemos distinguir
Insisto en diferenciar la mpaka que nace como herramienta o prolongación de una nganga de aquella que se constituye con identidad propia.
La primera mantiene una relación de dependencia con el fundamento del que procede. La segunda puede contener una entidad espiritual y recibir atención como nkisi. Por eso explico que una mpaka también se arrea mediante su firma y su mambo: su condición religiosa exige reconocer aquello que representa y contiene.
Recuerdo la comparación que hacía Ignacio Gómez, en Orozco, cuando hablaba de la nganga como un «cargapilas». Con esa imagen describía cómo el fundamento concentra fuerza y restaura la de los instrumentos que se colocan sobre él.
Sin embargo, ese vínculo no convierte automáticamente a todos esos instrumentos en una misma cosa. Una mpaka con identidad propia puede relacionarse con la nganga sin perder por ello su condición particular.
El espejo no define por sí solo a la mpaka
La mpaka vititi mensú es una de las más conocidas por su relación con la adivinación y por la presencia del espejo. Pero quiero subrayar algo: no todas las mpakas que llevan espejo tienen la misma función.
En unas, el espejo se vincula con la práctica adivinatoria. En otras, su sentido está relacionado con la capacidad de ver o reflejar atribuida a la entidad que habita el receptáculo.
También existen mpakas con caracoles o plumas. Su apariencia debe comprenderse en relación con la espiritualidad y la función que les corresponden. Reconocer un elemento exterior no equivale a conocer el fundamento de lo que tenemos delante.
La mpaka yimbi y el desarrollo espiritual
En el episodio también hablé de la mpaka yimbi y de su relación con la mediumnidad. Me referí a Tatas que recibían su mpaka al jurarse, como parte de su desarrollo espiritual y de su preparación para entrar en trance y establecer comunicación con las entidades de su entorno.
Recibir posteriormente una nganga no invalida esa relación anterior. La mpaka puede vincularse con el fundamento, pero su existencia no queda supeditada a que su poseedor tenga ya una nganga.
Esta es la idea que deseo dejar clara: una mpaka puede tener tanto valor e importancia religiosa como un fundamento. Su condición depende de cómo ha sido constituida, de la entidad que alberga y de la relación que se mantiene con ella.
En la cuarta temporada de Hablemos de Mayombe volveré sobre estas diferencias. Profundizaré en sus funciones y en las confusiones que surgen cuando se pretende comprenderlas únicamente por su aspecto exterior, siempre con el respeto debido a aquello que corresponde preservar dentro de la tradición.