El Casino San Antonio de Santa Isabel de las Lajas
El Casino San Antonio de Santa Isabel de las Lajas

El Casino San Antonio de Santa Isabel de las Lajas

El legado cultural bantú en Cuba y el Casino San Antonio de Santa Isabel de las Lajas.

Gema Valdés Acosta

Santa Clara, CUBA

De las culturas africanas llegadas a América, las culturas bantúes son de una importancia vital para entender los procesos de conformación de la identidad cubana. De una riqueza y variedad extraordinarias, las manifestaciones americanas de este legado adquirieron diferentes formas de resistencia ante las complejas condiciones en que tuvieron que desarrollarse: costumbres culinarias, bailes e instrumentos musicales, cantos, rezos y  los términos lingüísticos que nominan estas y otras vivencias humanas han pervivido por siglos, manteniendo así la memoria viva de los que sufrieron un traslado geográfico de características únicas por su magnitud y sus crueles bases.

En la región central de Cuba el legado de origen bantú es sensiblemente notorio en aquellas zonas azucareras  donde fueron ubicados grandes grupos de esclavos para el inhumano trabajo en la industria del azúcar, especialmente en los siglos XVIII y XIX. Precisamente Santa Isabel de las Lajas está situada en la actual provincia de Cienfuegos, en el sur del centro de Cuba y según los datos que aporta el historiador M. Moreno Fraginals esta zona centro-sur de Cuba tuvo un papel económico, y por tanto demográfico, de gran importancia para la economía cubana a mitad del siglo XIX. Sobre este hecho señala que hacia 1830 en la zona de Cienfuegos se produce «el más violento boom que recuerda la historia cubana» (: 66). Este autor no solamente se refiere a esta explosión en una extraña zona azucarera (por las características francesas de su origen) sino que, además, distingue la alta técnica para esta industria existente en Cienfuegos; en este sentido plantea: «Entre 1840 y 1860 los negreros cienfuegueros fueron los mayores y más altamente tecnificados de Cuba» (: 66).

Por su parte, García Martínez – historiador cienfueguero- apunta que: «En 1846 los 71 ingenios cienfuegueros produjeron 1 049 155 arrobas de azúcar, de las cuales 819 906 fueron de mascabado y raspadura» (:144).

Como consecuencia de este desarrollo se funda en 1853 el poblado de Santa Isabel, en las zonas cañeras de Lajas  que pertenecían a la jurisdicción de Cienfuegos. Antes de ser fundado este poblado había en la comarca 2 ingenios, después surgieron 3 más. Estos datos nos dan la preponderancia económica que gozaba Santa Isabel de las Lajas durante las décadas de los años 60 y 70 del siglo XIX lo que atrajo muchos capitales en inversiones hacia estas regiones.

En este momento de florecimiento entra a formar parte del  grupo de hacendados que invirtieron en Lajas la figura del terrateniente Don Tomás Terry, a quien está muy vinculada la historia de Santa Isabel de las Lajas y posteriormente  la del barrio La Guinea, asiento de los esclavos procedentes de las zonas bantúes (y actualmente de sus descendientes). Este comerciante, por ley hipotecaria, se apropia de 2 de los ingenios iniciadores del desarrollo azucarero de Lajas y da nombre de «Ciudad Caracas» a uno de ellos, por el origen venezolano de su familia. En 1882 Don Tomás Terry compra los terrenos donde se ubican los trabajadores de sus ingenios y en 1886, al decretarse el cese de la esclavitud, los antiguos esclavos, mano de obra necesaria  para la producción de azúcar, van a asentarse en esta parte del poblado. Estas tierras son precisamente las del barrio congo de La Guinea, el más pobre de Lajas y donde más analfabetismo hubo hasta el triunfo de la Revolución.

Para esta fecha los pobladores de Lajas ascendían a 6 309. De ellos 2 878 eran negros (García Herrera, 1973: 154).

El Casino «San Antonio» fue fundado en 1844 por  esclavos de origen bantú en los barracones del ingenio «Ciudad Caracas», ya en 1855 se trasladó definitivamente a Lajas y ha resistido por más de un siglo varias épocas de incomprensiones y francas acciones por su desaparición pero, por fortuna, hoy constituye una parte importante del patrimonio intangible de la región central de Cuba. El Casino, como muchas otras asociaciones de la cultura conga de América, tomó el nombre de San Antonio por ser este el patrón de Portugal, país que concentró la mayor cantidad de comerciantes esclavistas de la zona bantú y, por tanto, fue el principal santo católico que los esclavos fueron obligados a  adorar,  y que originó en estos grupos africanos el proceso de transculturación cultural, cualitativamente diferente a los de los yorubá.

Esta institución ha aglutinado durante más de un siglo a los descendientes de los esclavos de origen bantú de esta amplia zona azucarera, ha sido el reservorio más importante de las tradiciones culturales de origen congo del centro de Cuba por lo que ha posibilitado la supervivencia de numerosos rasgos (bailes, costumbres familiares, comidas, rezos, cantos y términos) de gran valor para los estudiosos de numerosas ciencias, entre ellas la antropología lingüística.

Estas relaciones inseparables entre lengua y cultura evidencian en este caso un proceso histórico de integración humana que solamente puede ser conocido en toda su dimensión si somos capaces de detectar tras las palabras todo un conjunto de tendencias de asimilación, resistencia y disimilación que se conjugan en el funcionamiento de un repertorio lingüístico no casual ni esporádico, sino de claro sentido de cotidianidad de las más indispensables nociones culturales de supervivencia de un grupo humano sojuzgado socialmente, y que se negaba a desaparecer. Los datos lingüísticos constatados entre los miembros del Casino «San Antonio» no constituyen una excepción en el comportamiento histórico de este tipo de repertorio, sino que puede ser considerado como un ejemplo de las formas en que pasaron muchos vocablos de origen bantú al vocabulario de otros grupos sociales cubanos.

Las formas de transmisión de los remanentes de las lenguas bantúes en el Casino de «San Antonio» han estado relacionadas con los contextos históricos en que se han desenvuelto los sistemas religiosos afrocubanos y sus portadores, es decir, la oralidad y aprendizaje situacional en contextos comunicativos, religiosos o no, han marcado las características lingüísticas de supervivencia de estos restos de lenguas. Los cambios de las formas lingüísticas originales a otras más frecuentes en los datos recogidos en Lajas siguen los patrones universales de la diacronía lingüística. Por ejemplo, en las lenguas bantúes funcionan prefijos nasales que tienen varios valores lingüísticos en esas lenguas (clasificaciones de sustantivos, marcas morfológicas, etc.); en los remanentes hay fluctuación con esos datos en las formas de pronunciarlos y transmitirlos, incluso en los cada vez más frecuentes textos escritos, para un vocablo como nsusu ‘ave’ tenemos las variantes nsuso ~ suso ~ ensuso, prefiriendo la última forma que mantiene la nasal original, pero que ha sido adaptada a la frecuencia fonética del español con la vocal inicial. Los datos que exponemos en este trabajo han sido recogidos  en investigaciones de campo iniciadas en el año 1970, actualmente se desarrolla una valoración para estudiar el nivel de mortandad o cambios en las formas recogidas inicialmente en la primera generación, pero ya los primeros indicios apuntan para un escaso nivel de pérdidas en tres generaciones y a una mayor adaptación a la morfología del español pues aparecen formas como suso ‘gallo’ y susa ‘gallina’ que no fueron registradas hace cuarenta años.

Así, los actuales descendientes de los esclavos congos siguen adorando a su dios supremo Sambi o Sambiempungo. Diariamente imploran con los brazos en alto a engonde (luna) que está en ensulo (cielo)para que en entoto ( tierra) haya paz.

Pero no solo los congos y sus descendientes han mantenido un vocabulario relacionado con sus creencias. Son muchos los campos semánticos que están representados en estos ricos repertorios lexicales, entre ellos:

Animales: embuá (perro), engombe (ganado), ensuso (ave doméstica), mayimbe (aura tiñosa), susundamba (lechuza), engulo (puerco).

Bailes: macuta, yuca, cunayanga, cambaca, bombona.

Tambores: engoma (nombre genérico de los tambores), quimbando, ringuinda

Vestuario y utensilios: enlele (ropa), embele (cuchillo, machete)

Relaciones sociales: yácara (marido), panguiame (amigo, hermano), muana (niño, mujer joven), sandumba (señora).

Saludos, despedidas y órdenes: basimene (hasta mañana), maguire (¡silencio!), quediambo (¿cómo está?).

Comidas: andungo  (bolas de harina de pan con picante), bisi (carne), loso (arroz), calalú (guiso de vegetales), macondo (plátano), enguba (maní), embolo (pan), embala (boniato).

Bebidas: enguala (vino), malafo (aguardiente), enlango (agua)

Otros: ensunga (tabaco).

Estos repertorios lingüísticos evidencian, por la amplitud en los campos semánticos que comprenden, una resistencia cultural que abarca las más disímiles actividades humanas y no solamente el aspecto religioso. Esto conlleva a un análisis más detallado del papel de la religión en la transmisión de los remanentes de lenguas bantúes en Santa Isabel de las Lajas como prototipo de fenómeno general en el resto del país.

La función del Casino «San Antonio» en la permanencia de estos hechos lingüísticos durante siglos en el panorama de nuestra lengua es de primer nivel pues no solo ha sido el centro de irradiación en la región central de Cuba en cuanto a la nitidez y confiabilidad del corpus, sino que su prestigio dentro de los descendientes de congos a nivel nacional ha permitido una repercusión notoria en otros territorios geográficos. Esto pudiera confundir a los estudiosos ya se pudiera pensar entonces que los datos que hemos señalado anteriormente son los únicos bantuismos que aparecen en nuestra variante lingüística. La realidad es otra, pues si bien es cierto que la bantuidad está directamente relacionada con la existencia de centros culturales de origen bantú, la trascendencia de estos fenómenos lingüísticos va más allá del vocabulario que se maneja en la Regla de Palo en sus diferentes manifestaciones. La consideración única  de estas manifestaciones lingüísticas como  lenguas rituales  ha obstaculizado una correcta y amplia valoración de este complejo objeto de estudio ya que ha restringido su análisis a las formas que aparecen solamente en las situaciones comunicativas de los cultos religiosos, dejando a un lado toda una serie de formas lingüísticas que son también de procedencia bantú y que han quedado fuera del foco de atención de los especialistas que abordan estos fenómenos lingüísticos. Por ello debemos acercarnos a las manifestaciones lingüísticas  que se han recogido entre los miembros del Casino «San Antonio» no con una visión estrecha de fenómenos exclusivos a un grupo de creyentes o descendientes de esclavos, sino como núcleos de irradiación de datos lingüísticos con potencialidades de extenderse a grupos amplios de la población. Casos así históricamente hemos tenido con vocablos como macuto, que aparece en el español de Cuba con dos comportamientos, uno inicial con marcada carga religiosa ‘receptáculo con poderes mágicos, resguardo’ (valor recogido también entre los miembros del Casino «San Antonio») y otro significado más amplio, en el registro coloquial del español de Cuba, con el valor semántico de ‘bulto, generalmente pesado’.

El Casino «San Antonio» de Santa Isabel de las Lajas ha tenido un papel muy importante en estos procesos de resistencia cultural de la cultura bantú, no solamente en la región central de Cuba sino, además, en el panorama de nuestra cultura nacional. Estas instituciones, de carácter muy especial, han funcionado como salvaguarda de una parte de nuestra identidad garantizando la supervivencia de una parte integrante esencial de nuestra formación, durante muchos siglos denigrada y menospreciada. La lengua, como siempre sucede, ha sido testigo de estos procesos nombrando esas realidades incuestionables, imborrables y permanentes de la cubanidad.

Bibliografía

Del Sol González, Ivelisse: Algunas consideraciones acerca de la significación de la cultura de procedencia bantú en Santa Isabel de las Lajas. Los aspectos mágico-religiosos. Trabajo de Diploma, Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 1994.

García Herrera, Rosalía: «Acerca de la investigación realizada en el barrio «La Guinea» de Lajas sobre el Casino de Congos «San Antonio». Separata de la Facultad de Humanidades ( Serie 1), Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 1971, pp.1-15.

__________________: «Observaciones etnológicas de dos sectas afrocubanas de una comunidad lajera: La Guinea». Islas (43), Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 1973, pp. 143-181.

García Martínez, Orlando: «Estudio de la economía cienfueguera desde la fundación de la colonia Fernandina de Jagua hasta mediados del siglo XIX». Islas (55-56). Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 1977, pp. 117-170.

Moreno Fraginals, Manuel: El ingenio. El complejo económico-social cubano del azúcar. (Tomo I). Comisión Nacional Cubana de la Unesco, La Habana, 1964.

Valdés Acosta, Gema: «Descripción de remanentes de lenguas bantúes en la ciudad de Santa Isabel de las Lajas». Islas (48), Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 1974, pp. 67-85.